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PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN EN ESTUDIOS SOCIALES DE LA CIENCIA, LA TÉCNICA Y EL MEDIO AMBIENTE
Centro de Investigaciones Geofísicas (CIGEFI) Universidad de Costa Rica |
J u s t i f i c a c i ó n
Las tecnologías que hasta la década de 1970 se aplicaron en forma generalizada para aumentar la productividad capitalista, implicaron un incremento igual y a veces mayor, en el consumo de materias primas y energéticos, a la vez que aumentaron la generación de residuos contaminantes. En las últimas décadas del siglo XX destacan, entre los avances científico-tecnológicos que permiten sostener el crecimiento económico, la microelectrónica, la biotecnología y la ciencia de los nuevos materiales. Estas tres nuevas tecnologías básicas, denominadas “de punta”, aportan ventajas a la producción, tales como ahorro en el costo de mano de obra, mejoramiento de la calidad de los productos finales, disminución del costo de los materiales, reducción de los residuos contaminantes y del uso energético, entre otros. Una característica importante de las tecnologías de punta es el traslape de unas con otras, por ejemplo el uso de computadoras en ingeniería genética, en robótica y en telecomunicaciones. El corte de telas con rayos láser, guiado por computadora, para reducir al mínimo el desperdicio o bien, la aplicación de dicha tríada a la exploración y explotación de nuevas fuentes energéticas.[1]
El uso cada vez más intensivo de estas nuevas tecnologías y de la base científica que las sustenta, provocó desde finales del siglo XX, la aparición de cambios significativos en la capacidad productiva, en la distribución del poder a nivel mundial, en las relaciones de la sociedad con la naturaleza, en la estructura social y en diversos aspectos culturales, como las creencias y representaciones del mundo en los colectivos sociales.[2]
De acuerdo con algunos enfoques novedosos, la ciencia y la tecnología se deben estudiar de manera integrada, de allí que se ha creado la noción de tecnociencia, la cual llama la atención sobre el hecho de que la innovación científica y tecnológica se ha convertido en un componente vital de la reproducción de la sociedad. La cultura de la “modernidad” elevó a la tecnología al estatus de agente de cambio. En este discurso, muchos autores han convertido a la tecnología en la fuerza motriz de la historia: en este tipo de relatos aparece una innovación técnica que desencadena eventos trascendentales. La génesis del invento no es considerada importante, sino que la relevancia se concede más bien a las consecuencias del mismo invento.[3] Dichos estudios han aportado elementos para mejorar la comprehensión de las dimensiones social, material y simbólica en las que se desenvuelve el fenómeno tecnocientífico, pues entre sus contribuciones se cuentan elementos teórico-metodológicos que permiten a los colectivos e individuos hablar intersubjetivamente del mundo. Además, al proporcionar la innovación diversos artefactos para la reproducción material de la sociedad, se da una recreación de las relaciones entre los actores sociales e institucionales de la sociedad contemporánea y entre éstos y la naturaleza, que también son objeto de estudio.[4]
Así, a “...diferencia de otras fuerzas más abstractas a las que los [científicos sociales]...suelen atribuir un poder determinante (por ejemplo, las formaciones socioeconómicas, políticas, culturales e ideológicas), la materialidad o tangibilidad de los artilugios mecánicos -la posibilidad de acceder a ellos a través de la percepción sensorial- contribuye a una sensación de eficacia causal visible. Considerados en conjunto, estos relatos formados por un antes y un después dan origen a la concepción de la ‘tecnología’ como una entidad independiente, como un agente de cambio casi autónomo”.[5]
Los estudios contemporáneos de la investigación tecnocientífica han desacreditado las nociones tradicionales según las cuales la tecnociencia es una actividad individual, reveladora de la realidad y de elaboraciones objetivas. Más bien ahora se considera que ésta es una actividad eminentemente social, que su realismo es en el fondo una construcción simbólica de sus creadores y que sus acuñaciones son convencionales.[6] Por otra parte, han puesto en tela de juicio la separación ontológica hombre-naturaleza con la que se ha pensado tradicionalmente la ciencia, la tecnología y la misma sociedad. La Naturaleza puede ser reinventada, reconstruida, gracias a los avances científico-tecnológicos, y a la vez se ha modificado la concepción de seres humanos liberables de las condiciones que ofrece la Naturaleza, pues éstos también pueden ser reconstruibles, pero se perciben en esta nueva visión, como interdependientes del mundo material.[7]
Estos planteamiento han tenido tal acogida a nivel internacional, que se está desarrollando todo un campo de trabajo en ciencias, humanidades y ciencias sociales, con aceptación creciente. Se trata de analizar críticamente el fenómeno científico-tecnológico en su contexto social, cuyo objeto de estudio está constituido por los condicionantes sociales que lo producen, así como las consecuencias de dicha práctica sobre las sociedades y el entorno natural. Sus productos han enriquecido el conocimiento sobre el proceso de producción del conocimiento científico y de los artefactos con los que vivimos.
Así, por ejemplo, el cambio técnico –concebido como cualquier innovación que provoque incrementos en la productividad- es un objeto de estudio complejo porque engloba muchas actividades humanas y debe tener en cuenta el contexto histórico, así como contemplar la posibilidad de coexistencia de varias tecnologías en un momento determinado. Los modelos explicativos sobre el cambio técnico se sitúan en un espacio limitado por el determinismo puro -y sus variantes- y la más absoluta incertidumbre, irracionalidad, azar o indeterminación.[8]
El estudio profesional de la tecnociencia es reciente y tiene un desarrollo desigual. En los países industrializados, el tema se encuentra institucionalizado en grandes sociedades científicas y numerosos centros de investigación de gran tradición. Actualmente, el estudio social de la tecnociencia está representado mundialmente por algunas sociedades científicas, entre las que sobresalen: la Society for Social Studies of Science (4S), la European Association for the Study of Science and Technology (EASST) y la Society for History of Technology (SHOT). En el caso iberoamericano destaca el grupo de estudios sobre Ciencia, tecnología, sociedad e innovación, patrocinado por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura. En América Latina podemos citar el caso de la Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo, que tuvo su apogeo entre 1950 y 1970[9] y el de la Sociedad Latinoamericana de Historia de la Ciencia y la Tecnología[10] (ESOCITE) y sus correspondientes secciones en algunos países, que constituye el grupo de estudio contemporáneo más influyente sobre esta temática en nuestro contexto latinoamericano.
Todas esas organizaciones científicas han contribuido en las últimas décadas al proceso de institucionalización de los estudios sociales de la ciencia y la técnica.
El nuevo orden económico que se impone en el mundo, caracterizado por un proceso de globalización –en cuyo centro vital se encuentra la tecnociencia-, dicta las pautas a seguir y obliga a los países a corresponder a las exigencias de la economía mundial: mientras pierde terreno el intercambio de mercancías y bienes físicos, se privilegia el intercambio de servicios e información tecnocientífica. Consecuentemente se reclama la intervención de las universidades como ámbitos en donde se llevan a cabo gran parte de los proyectos de investigación científico-tecnológica y como formadoras de profesionales integrales, capaces de mejorar la eficiencia para la generación de productos útiles a la sociedad e inofensivos al medio ambiente. Asimismo cobra importancia el estudio de los procesos por medio de los cuales las innovaciones, con sus éxitos y fracasos, pueden llegar a convertirse en socialmente redituables.
Todas las anteriores han sido las sociedades científicas más activas e influyentes de las últimas décadas, en materia de estudios sociales de la ciencia y la técnica y constituyen excelentes indicadores sobre el proceso de institucionalización de esta rama de estudios. En el pasado reciente, el estudio del fenómeno tecnocientífico podría haber sido superfluo o el resultado pasajero de una moda tecnocrática. Sin embargo, en nuestros días no se puede seguir postergando esta prioridad, sobre todo si se toma conciencia de que el fenómeno que denominados globalización, en sus diferentes acepciones, tiene en su centro vital a la tecnociencia. Por esta razón es importante convocar a los universitarios a mejorar la eficiencia para generar productos útiles para la sociedad, pero es relevante, de la misma manera, estudiar procesos por medio de los cuales las innovaciones, tanto como su invención, sus modificaciones y fracasos, pueden llegar a convertirse en socialmente redituables y también en objeto de estudio.
La Universidad de Costa Rica debe de dotarse de una visión estratégica sobre su participación social, mediante el estímulo de la investigación fundamental, la apertura de nuevos canales de comunicación y la elaboración de programas coherentes que aumenten la competitividad de los sectores productivos y que socialicen las políticas públicas. Todos estos aspectos conforman el contexto y el proceso de la construcción social de la innovación, factores que pueden estudiarse tanto desde la perspectiva de las ciencias básicas, como desde la perspectiva de las ciencias sociales, para, de esta manera, tender un puente entre las denominandas “dos culturas”[11], es decir, se trata de superar la división artificial entre una cultura de letras y otra de ciencias, según la dicotomía planteada por Snow en 1959, para dar paso a un marco interpretativo que más bien se centre en la coexistencia de éstas.
Una de las temáticas primordiales que permitirán tender este vínculo, es el análisis de la crisis medioambiental contemporánea. Desde la década de 1970 surgió una corriente fuerte de historia ecológica y ambiental, precisamente porque se empezó a tomar conciencia de la grave crisis ambiental por la que estamos atravesando, la cual es multicausal: el crecimiento de la población humana, el desarrollo del productivismo y el consumismo, la satisfacción de las demandas del mercado y la desigualdad, las cuales contribuyen de diversa manera con el efecto invernadero, la deforestación y la pérdida de biodiversidad, por citar tres problemas ecológicos importantes.
Estos fenómenos son históricos y tienen un alcance mundial, de allí que algunos autores, como O’Connor[12], señalen que la historia ecológica es una historia total, debido a que las modificaciones ambientales que se lleven a cabo en cualquier parte del mundo, tienen repercusiones planetarias. Una parte significativa de los estudios que tienen esta orientación, cuentan con antecedentes en el siglo XIX, cuando Ruddolf Clausius sentó las bases de la Segunda Ley de la Termodinámica, que plantea que cuando la energía y los materiales se transforman de un estado al otro, la energía gastada pasa a un estado en que es imposible reutilizarla para un nuevo proceso de transformación y parte de ésta se convierte en residuos o contaminación del ambiente (la entropía) lo que, desde un punto de vista más economicista, se denomina como externalidades negativas del proceso productivo.
Según Manuel González de Molina[13] la historia ecológica y ambiental permite una nueva lectura de la época presente, a partir de los fenómenos anteriormente reseñados y es, por lo tanto, una aproximación multidisciplinar que también tiene enfoques dominantes: por una parte, algunos se centran en la historia de los recursos naturales (historia ambiental) y, por otra, algunos historiadores tratan de explicar la interacción entre las sociedades y los recursos, a partir de las tesis de la ecología. Entre ambos vértices se ubica también la historia económico-ecológica, que busca rescatar las externalidades negativas de los procesos productivos, obviando el enfoque crematístico (de precios) y proponiendo nuevas alternativas.
[1] Cfr. Amador, Sonia. “Algunas causas y efectos del cambio científico y tecnológico a partir de la década de 1980”. En: Revista Estudios, Univ. de Costa Rica. Nos.12 y 13, pág. 69-77, 1995-1996.
[2] Cfr. Arellano, Antonio. “Iniciativa para la promoción de los estudios sociales de la investigación científica y tecnológica en la Universidad de Costa Rica”, mimeo, marzo 2003.
[3] Cfr. Viales, Ronny: "El cambio técnico agrario desde la perspectiva de la historia económica. Modelos explicativos y elementos para la formulación de un modelo histórico de análisis". En: Cuadernos de Historia Aplicada, No. 1, Maestría en Historia Aplicada, Escuela de Historia. Universidad Nacional. 2000. 23 pp. y “El cambio técnico agrario desde la perspectiva de la historia económica. La propuesta evolucionista de Nathan Rosenberg”, inédito.
[4] Cfr. Arellano, Antonio. Proyecto Académico del Grupo de Investigación en Estudios Avanzados de la Tecnociencia, mimeo, agosto, 1998.
[5]Smith, Merit Roe y Leo Marx (Eds.) Historia y determinismo tecnológico, Madrid: Alianza Editorial, 1996 (Vers. orig. MIT 1994), p. 13
[6] Barnes, B. “Cómo hacer sociología del conocimiento”. En Política y Sociedad, N° 14 - 15: 9-19. 1993-1994.
[7] Cfr. Arellano, Antonio. Proyecto Académico del Grupo de Investigación en Estudios Avanzados de la Tecnociencia, mimeo, agosto, 1998.
[8] V.gr. para Wrigley en el paso de la agricultura orgánica avanzada a la economía sustentada en la energía de origen mineral en el Inglaterra tiene un gran peso lo casual, dado que en este asunto la “...importancia relativa de la continuidad y el azar es un tema que se debe abordar”. Wrigley, E. A. Cambio, continuidad y azar. Carácter de la Revolución industrial inglesa, Barcelona: Crítica, 1993 (Edic. orig. inglés 1988), p. 136
[9] Cfr. Martínez, Carlos y Manuel Marí. “La Escuela Latinoamericana de Pensamiento en Ciencia, Tecnología y Desarrollo. Notas de un proyecto de investigación”. En: CTS + I, No. 4, set.-dic. 2002 (http://www.campus.oei.org/revistactsi/numero4/escuelalatinoamericana.htm )
[10] Las V Jornadas de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología se llevarán a cabo en la Universidad Autónoma del Estado de México, en marzo de 2004.
[11] Cfr. Worster, Donald. "The Two Cultures Revisited: Environmental History and the Environmental Sciences". En: Environment and History, 2 (1996), pp. 3-13.
[12] Cfr. O’Connor, James. “¿Qué es la historia ecológica? ¿Por qué historia ecológica?”. En: Ecología Política (España), No. 14, 1997, pp. 115-130.
[13] Cfr. González de Molina, Manuel. Historia y medio ambiente, Madrid: EUDEMA, 1993.
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